domingo, 23 de junio de 2013
Luna II
Hoy, simplemente como el mortal idiota que soy, pretendo escribirte a ti, a la luna, a mi luna, a ti luna llena de recuerdos que me hacen pensar en cuanto anhelo estar junto a ella, estar junto a ella en la superficie lunar, simplemente abrazándola, besándola, y contemplándola, mientras su mirada perdida navega por las constelaciones invisibles, y yo trato de encontrarle un color a sus ojos, una razón a su mirada, y el punto perfecto para saber lo que quiere, y simplemente complacerla, luego, recorrerla, jugar con ella entre los cráteres lunares, contar historias de la tierra vacía y sin esperanzas, pero luego, me daría cuenta que no se quien es ella, simplemente la contemplo como alguien que alguna parte de mi quiere, alguna parte de mi desea, pero otra le dice que no, otra simplemente trata de ocultarme, y entonces ella desaparece, dejándome solo en la gran superficie lunar, tan árida, como su mirada cuando sonríe, pero tan llena como sus lagrimas al mirar al infinito, y si, entonces quedo solo en la luna, quedo solo gritándole a la luna, amándola, odiándola, deseándola, y por sobre todo admirándola, entonces, me doy cuenta que nunca salí de la maldita tierra, que simplemente estoy sentado fuera de una biblioteca, admirando la extrañeza lunar, y viendo como aparece un hada de vestido azul, un hada que puede ser tan bella como ella quiera, pero, ella busca algo y nadie sabe que es, tal vez sea su esencia, o sea simplemente a ella, después, me doy cuenta que busca el color de mis enrarecidos ojos secos por el humo, y llenos por sus recuerdos, ojos que de alguna forma rara gesticulan una mirada tan mía como mis ideas, mis deseos, y otras cosas que nunca servirán para nada, entonces el hada simplemente desaparece, se va, y de repente, aparezco de nuevo en la luna, y me veo en vuelto en la búsqueda de eso que ella perdió, aunque no se que es, algo me dice que esta en la luna, que seguramente esta junto a eso que mi extraña ella perdió, y que algún día alguien lograra encontrar, mientras tanto sigo con mi vida intermitente, en un momento me encuentro vagando por la maldita tierra, después galopo sobre el viento lunar y sobre sus cráteres, y de repente desaparezco para orbitar las constelaciones de su mano, encontrando su mirada, y deseando sus labios, entonces a cada momento recuerdo que no soy nadie, que solo un idealista que vaga por el mundo, y que nunca seré digno de la luna, ni de ella, y mucho menos de su mirada...
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